Estábamos en las escaleras de tu piso, hablando de cosas que
nos pasaban por la cabeza y riéndonos, pasaban los minutos al igual que la
gente por la escalera para entrar en sus casas. Estábamos muy cerca y la
conversación cada vez estaba más caliente. Tú y yo cada vez más cerca y yo sin
parar de hablar. Me empezaste a dar besos en la mejilla porque si y me robaste
un pico de mi boca. Querías mas, aunque me decías que era para callarme,
entonces vi tu chicle y en un segundo lo quería, así que intente conseguirlo
hasta que no hubo otra forma que juntar nuestras bocas, pero no lo encontraba
dentro de ella y tú me chinchabas enseñándomelo con la lengua. Llego un momento
en el que me olvide del chicle ahora solo quería el calor de tus labios y me lo
regalaste. Entre beso y beso hablábamos y decíamos cosas que no llegaban a ser
promesas de futuro, regalos de cumpleaños. El ambiente se caldeaba al igual que
nuestros cuerpos, en
ese momento ya no eran solo nuestros labios los que estaban desatados, nuestras
manos se habían unido a la fiesta.
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