martes, 20 de noviembre de 2012

18-11-12

Íbamos andando por la calle de camino a mi casa en silencio. Me quedé sumida en mis pensamientos, que a cada paso se hacían mas intensos, tanto que ni siquiera notaba tu atenta mirada fija sobre mi rostro.
De repente, sin que yo lo esperaba y sacándome de mi mente, rozaste mi mano muy despacio entrelazándola con la tuya. Mi corazón empezó a latir rápida y fuerte mente, empezaron a pasarme muchas cosas por la cabeza. no entendía que me pasaba, apenas te había conocido ayer cuando me cogiste en el aire en el momento que me resbalé con esa hoja resbaladiza bajo la lluvia.
Giré mi cabeza para mirarte la cara, pero tu ya no me mirabas. Me fijé en tus ojos, ese color verde manzana parecían estar dubitativos o reflexionando sobre algo; tu boca también me llamó la atención, te estabas mordiendo el labio inferior. Estabas nervioso y yo también empezaba a estarlo. En ese instante giraste la cabeza y me miraste, mis ojos se alzaron hasta encontrarse con los tuyos. Se mezclaron intensamente como si quisieran hacer un postre de manzana con chocolate.
Éso hizo que fuéramos disminuyendo nuestro paso hasta que nuestros pies se quedaron completamente quietos. Entonces te giraste, quedándote enfrente de mi, me soltaste la mano y me agarraste la cintura.
Te acercaste lentamente a mi hasta que estuvimos pegados. En ese momento alcé las manos alrededor de tu cuello y las entrelacé por detrás. Me fijé en tus ojos, habían cambiado, ahora tenían un brillo especial como la luz del sol al amanecer o el simple brillo de un diamante.
Me decidí a hablar, abrí la boca pero en ese momento me di cuenta que no sabía que decir y la volví a cerrar. Entonces te reíste y me dijiste :

    • ¿ves? me encanta como me haces reír. Contigo me siento tranquilo y seguro.
Al terminar esas palabras, mi corazón empezó a latir tan deprisa que me entró vergüenza por si tu lo oías, te empezaste a acercar, nuestros labios cada vez mas cerca podía sentir el calor de tu respiración en mi rostro, y notaba que tu corazón cada vez iba más deprisa. Creía que nuestros labios llegarían a rozarse, pero no llegó a ocurrir, se quedaron a dos centímetros de los míos, como si me estuvieras diciendo que si yo quería besarte me acercara. Quería sentir tus labios junto a los míos y por eso acabé con esos dos centímetros que me estaban volviendo loca. 


Desenlacé mis manos y te agarre la cara, estaba sintiendo todo lo que no había sentido en mi vida. No quería que ése momento acabara, no me quería separar de ti, pero me di cuenta de que apenas te conocía, aunque no era lo importante, sino que en unas cuantas horas me iría a Madrid y no sabía si te volvería a ver.
Al pensar eso me quedé paralizada y separaste la cara lo suficiente para mirarme a los ojos, te extrañaste y me preguntaste si me sucedía algo. Te miré a los ojos y respondí:

    •  Me has hecho sentir lo que nadie había hecho nunca y me encantaría no separarme de ti en mucho tiempo, pero me tengo que ir, si sigo a tu lado me dolerá más irme a Madrid. 
En ese mismo instante me deshice de tus manos y empecé a andar ligeramente. Solo oía mis pasos, así que imaginé que no te habías movido, aunque tampoco pensaba darme la vuelta para comprobarlo. 
Intenté relajar a mi corazón, ya que latía tan deprisa que pensaba que se me saldría del pecho en cualquier momento.
Justo cuando estaba pensando en eso, algo me agarró la mano, que me hizo parar y girarme en un solo segundo, me miraste a los ojos y me dijiste: TE QUIERO 


Mnon

sábado, 24 de marzo de 2012

11-8-10


Era 11 de agosto del 2010, había quedado con mi mejor amiga para ir a la piscina. Como casi todos los miércoles de agosto. Aunque esta vez, no iba a ser como todas. Esta vez había invitado a dos amigos suyos con nosotras. Uno de ellos eras tú. Llegasteis a mi casa. Ya estaba preparada, cogí mi mochila y Salí por la puerta principal. De camino a la piscina, no había mucha comunicación entre los cuatro. Por fin llegamos, mi amiga y yo nos fuimos al vestuario femenino mientras ellos se iban al masculino. Al cabo de cinco minutos mi amiga y yo salimos, y nos dirigimos al lugar donde nos íbamos a colocar. Estire mi toalla sobre el césped y me tumbe encima. Al cabo de un rato llegasteis vosotros. No podía parar de mirarte pero algo me decía que ese día me marcaria mi vida. Después de bañarnos unas cuantas veces, mi amiga y yo, decidimos salirnos del agua para ir al baño. Aproveche ese momento para decirla lo que sentía por Rubén. Ella me dijo que a ella también le gustaba, pero que había visto que se fijaba en mi y que saliera con él. Yo no lo vi tan claro y la dije que al estar las dos por él, yo no iba a hacer nada. Salimos del vestuario y nos dirigimos a la piscina. Estaban sentados en el borde de la piscina hablando. Nos sentamos al lado de ellos. Oscar le dijo a mi amiga que si se podían ir a otro lado de la piscina para hablar, aunque solo era una escusa para dejarme a solas con Rubén. Empezamos a hablar, y me comento que yo le gustaba desde el primer momento en que me vio. Empecé a ponerme nerviosa. No paraba de pensar lo que había estado hablando con mi amiga en los vestuarios hace unos minutos y lo que me estaba diciendo él ahora. Al cabo de un rato, nos salimos todos del agua y empezamos a secarnos, ya que pronto cerrarían la piscina. Cuando ya quedaban unos 5 minutos antes de que cerraran. Fuimos a los vestuarios a vestirnos. Allí mi amiga me dijo que debía salir con él, que a ella no le importaba. Yo no estaba segura del todo, algo dentro de mi me decía que pasaría algo malo. Aun así mi amiga no se dio por vencida y a la salida de los vestuarios, les pregunto si querían ir a un parque a charlar un rato más. Ellos aceptaron y nos fuimos al parque de los bomberos. Nos sentamos en un banco, y empezamos a hablar. Al cabo de un rato se formo mucha presión en ese banco y mi amiga decidió llevarse a Oscar a otro banco para que Rubén y yo hablásemos. El miedo me recorría por todo el cuerpo, pero no había vuelta atrás. Estaba en ese banco al lado de él. Mirándolo fijamente mientras él estaba apoyado sobre sus rodillas mirando al suelo. De repente algo rompió el silencio. Su voz. Me pregunto qué pasaba, que me rondaba por la cabeza. Pero como siempre que me pongo nerviosa, no puedo hablar. Se incorpora y me mira a los ojos. Tengo ganas de llorar. Empezamos a hablar hasta que me dice:
  •       ¿Me quieres?

Respondí al instante a pesar de mis nervios.
  •       Claro que te quiero

Ya estaba un poco más relajada. Sentía que me había quitado un peso de encima. Hasta que de repente, volvió a hablar. Me dijo una frase que siempre quedaría en mi cabeza. Con todos los detalles, con esa voz que me había enamorado. “Entonces, ¿Por qué no me quieres dar un beso?”. Me miro fijamente con esos ojos verdes y le respondí:
      Si que quiero
En ese instante se acercó a mí y me besó. Empecé a sentir de todo en mi interior. Mariposas volando, una montaña rusa y un corazón que no podía ir mas allá de lo que estaba pasando. Era mi primer beso, y no quería que acabase nunca. Ese día empezamos a salir. Viví muchas cosas con él. Y un mes después, en las fiestas de mi pueblo, le deje. Hoy 23 de marzo del 2012, me sigo preguntando por que lo hice. Cada vez que pienso en él, o leo algo parecido a nuestra historia. Lloro. Sé que algún día de mi vida lo conseguiré superar, pero hasta que llegue… “en mi mundo lloverá y no habrá nubes”


Mnon