Pasa un cuarto de hora y sigue pensando,
si ella escribe una carta y la lleva a ese sitio ¿cada cuando ira la otra
persona a mirarlo? Este plan tiene lagunas, sin embargo ella no puede hacer
nada. No pasa nada seguirá con su plan desde el principio, le pedirá ayuda, es
la única persona en la que puede confiar en estos momentos que no sea su madre.
Mira el reloj y se da cuenta de que es muy tarde, se va a casa, pero cuando
llega se va a su habitación, no tiene nada de hambre. Coge la mochila del
instituto y saca la única tarea que les han mandado hoy. Así por lo menos saldrá
del mundo para meterse en el mundo de las matemáticas. De siempre la han
gustado y además se le dan bien, asique no tarda más de media hora en
acabarlos. Se queda quieta y en silencio sentada en la silla. La casa está muy vacía
desde hace tiempo, sin embargo Hugo ha estado con ella en momentos duros. Recuerda
el primer día que le trajo a casa. En aquella época eran muy buenos amigos y su
madre les hizo unos croissants vegetales para merendar.
En el parque, alguien pasa por el punto elegido
para que Marina deposite las notas, pero no hay nada.
-
Es hora de mandarla
otra nota.
Se sienta en el césped y empieza a
escribir.
Termina de escribirla, la dobla y levanta
la vista. Pasa un hombre cuarentón pero detrás viene una chica bastante guapa y
decide pararla.
- Hola perdona, ¿me podrías hacer un favor?
- Sí, claro – contesta dubitativa.
- Necesito que lleves este papelito a una chica morena. Vive en la calle Gabriel Usera 56. Lo único que no puedes decirla nada de mí, ni como soy, ni siquiera mi sexo.
- Claro, no pasa nada está cerca de donde voy.
- Muchas gracias enserio.
La chica se marcha con la nota en la
mano, dirección a casa de Marina, lo que no saben ninguno de los tres es que el
destino se meterá de por medio.
