domingo, 9 de junio de 2013

cúmulo de cosas 3

Pasa un cuarto de hora y sigue pensando, si ella escribe una carta y la lleva a ese sitio ¿cada cuando ira la otra persona a mirarlo? Este plan tiene lagunas, sin embargo ella no puede hacer nada. No pasa nada seguirá con su plan desde el principio, le pedirá ayuda, es la única persona en la que puede confiar en estos momentos que no sea su madre. Mira el reloj y se da cuenta de que es muy tarde, se va a casa, pero cuando llega se va a su habitación, no tiene nada de hambre. Coge la mochila del instituto y saca la única tarea que les han mandado hoy. Así por lo menos saldrá del mundo para meterse en el mundo de las matemáticas. De siempre la han gustado y además se le dan bien, asique no tarda más de media hora en acabarlos. Se queda quieta y en silencio sentada en la silla. La casa está muy vacía desde hace tiempo, sin embargo Hugo ha estado con ella en momentos duros. Recuerda el primer día que le trajo a casa. En aquella época eran muy buenos amigos y su madre les hizo unos croissants vegetales para merendar.


En el parque, alguien pasa por el punto elegido para que Marina deposite las notas, pero no hay nada.
-         Es hora de mandarla otra nota.
Se sienta en el césped y empieza a escribir.

Termina de escribirla, la dobla y levanta la vista. Pasa un hombre cuarentón pero detrás viene una chica bastante guapa y decide pararla.
  •           Hola perdona, ¿me podrías hacer un favor?
  •          Sí, claro – contesta dubitativa.
  •          Necesito que lleves este papelito a una chica morena. Vive en la calle Gabriel Usera 56. Lo único que no puedes decirla nada de mí, ni como soy, ni siquiera mi sexo.
  •        Claro, no pasa nada está cerca de donde voy.
  •          Muchas gracias enserio.


La chica se marcha con la nota en la mano, dirección a casa de Marina, lo que no saben ninguno de los tres es que el destino se meterá de por medio.

sábado, 20 de abril de 2013

Cúmulo de cosas 2

Aquí os dejo la segunda parte de "Cúmulo de cosas" espero que os guste. besitos.


Después de comer se echó una siesta, al despertar, sabe que soñó algo pero no se acuerda de que, tan solo a una persona sin identidad. Tiene deberes pero no le apetece nada hacerlos, tiene la cabeza echa un lio y el corazón en un puño. Por un lado está Hugo, que cada vez está más convencida de que su relación no tiene magia; por otro lado está Sabrina, que no sabe si siente algo por ella o tan solo la parece algo interesante; y por último la carta de esta mañana, no se imagina quien puede ser pero le gusta la idea que se le ha ocurrido, tan solo la queda esperar a recibir otra carta.
Se levanta de la cama y se va al salón, son las cinco y cuarto de la tarde, es viernes y aún no tiene planes para hoy. Se empieza a deprimir la apetece salir pero no sabe a dónde. ¿Y si llama a Hugo y se van a dar una vuelta? No, no puede, ayer la dijo que tenía que hacer unos recados que le había pedido su madre ya que ella los viernes salía más tarde de trabajar.
Pues no se va a quedar en casa eso lo tiene claro, por lo menos va a salir a darse una vuelta para desperezarse y ya si no encuentra nada que hacer volverá a casa a hacer los deberes. Se pone unas deportivas y sale de casa cogiendo el móvil con una mano y la cartera y las llaves con la otra. Cierra la puerta con llave y cuando se gira se encuentra a otro chico enfrente suya. No sabe cómo se llama pero sí que lo ha visto por el instituto. Se acerca hasta ella y con una sonrisa extiende la mano donde hay otro papelito doblado. Marina lo coge y le mira, éste le guiña un ojo y se marcha. La siguiente nota, no sabe que locuras habrá en ella escritas pero no va a leerlas ahora quiere despejarse. Se guarda la nota en el bolsillo trasero del pantalón y se dirige al parque. Hace un buen día, ni mucho calor, ni frío genial para tumbarse en el césped a escuchar música, decide hacer eso. Se va acercando al parque y busca un trozo de césped libre para tumbarse, encuentra uno al lado de un árbol no muy grande, pero suficiente para dar un poco de sombra. Se acerca al árbol y saca el papelito del bolsillo, se sienta en el suelo y lo desdobla:


Bueno por lo menos ahora puede averiguar un poco más de la otra persona, este tema está haciendo que se olvide de muchas cosas como de los deberes o de cualquier otra cosa. Pero es que tiene muchísima curiosidad. ¿Y si escribe ella algo e intenta averiguar quién es? A lo mejor si escribe una carta y se esconde en algún lugar cerca del sitio podría ver quién es, sería una buena idea, el problema es que si la ven no irán a recogerla. Necesita ayuda de alguien, pero ¿A quien puede pedirle ayuda para hacer esta locura?
Marina se tumba en el césped y se pone a pensar. Transcurren los minutos y ella sigue pensando, hasta que de repente la empieza a sonar el móvil que la saca de sus pensamientos. Se sienta rápidamente del susto y coge su móvil. Es un whatsApp de su madre. Antes de abrirlo se plantea la idea de pedirle a ella que la ayudara. Abre la ventana del WhatsApp y escribe:
  •  Hola J sé que te va a sonar raro pero necesito tu ayuda para averiguar una cosa. Si puedes mañana nos vamos al parque y te explico todo allí. ¿Quieres?

Lo vuelve a leer y lo envía, pero el que lo recibe es Hugo. Se la ha olvidado ponerle algo.
  •  Un besito guapísimo.

Así está mejor. Abre la ventana de su  madre y lee lo que ha recibido apenas dos minutos.
  • Esta noche voy a llegar un poco tarde a casa. Tienes canelones en la nevera, calientalos. Un besito guapetona.

Bien, esta noche tendrá la casa para ella sola. Desde que su madre se ha echado novio, apenas pasa tiempo en casa. ¿Y si llama a Hugo para que valla y empieza hoy con su plan? 

Me gustaría seguir sabiendo vuestra opinión y si queréis que siga escribiéndolo. un besito y gracias a todos.

jueves, 18 de abril de 2013

Cumulo de cosas


Estaba sentada dos mesas más delante de Sabrina. Hacía dos semanas que no paraba de pensar en ella aunque nunca habíamos hablado y tampoco estábamos dentro del mismo grupo de amigos, pero empezaba a sentir algo extraño y no sabía que era.
Se da la vuelta para mirarla, está hablando con su mejor amigo Carlos, está sonriendo, si no fuera porque todo el mundo sabe que le gustan las chicas diría que está intentando ligar con él. Es una chica muy lista y buena, no es que sea la más guapa de la clase, pero no está mal. ¿Pero que esta diciendo? TIENE NOVIO y además no la gustan las chicas… o sí.
Desde hace un mes se siente un poco atraída por algunas personas de su mismo sexo, nunca se había fijado pero desde que apareció ella no puede pensar en otra cosa. Estaba en el otro instituto del barrio pero por algunos problemas tuvo que cambiarse a mitad de curso al de ella, lo bueno es que la pusieron en la misma clase que Carlos y no se sentía tan sola. Eran vecinos, vivían en la calle paralela a la suya pero por la parte que está pegada al parque.
Suena el timbre. Acaba de acabar la última clase del día y casi todos salen corriendo de clase sin embargo a Marina la gusta esperar unos minutos para no toparse con el tapón de gente que se forma a la salida.
Sale de clase y se dirige hacia casa. Como todos los días Hugo la llama al móvil para ver que tal le ha ido el día. Hoy esta en su mundo y apenas escucha lo que la cuenta, cree que ha dicho algo de no sé qué intercambio o algo parecido. No se merece esto de mí, piensa, lo sé, llevamos poco tiempo saliendo pero siento que ya no es como antes, esto nunca la había pasado, pero es que no sale lo que la pasa, Sabrina no sale de su cabeza y ni siquiera sabe que existe.
-        Cariño ¿estás bien?
-        Si un poco cansada – responde con una sonrisa un poco forzada – voy a comer y me echo un poco la siesta.
-        Vale – responde él entristecido
La conoce y sabe que si en algún momento tiene que contar algo lo hará, nunca hay que presionarla porque es peor. Nadie sabe de esto que está empezando a sentir ahora, pero tampoco la preocupa.
-        Luego hablamos ¿vale? Que voy a calentar la comida.
-        Adiós un beso
-        Un beso
En ese momento llaman a la puerta, Marina extrañada se acerca a la entrada y mira por la mirilla. ¿Carlos? Abre la puerta y se pone enfrente del chico, éste con una sonrisa en la cara la saluda y la da dos besos. Marina sigue sin saber de qué va todo aquello, apenas habían cruzado palabra, tan solo en los ejercicios de grupo en clase y poco más, y ahora estaba ahí enfrente de su puerta. Cualquiera diría que es su amor imposible. Ese pensamiento la hace sonreír. En ese momento acerca su mano a la de ella y deposita un papel doblado. La vuelve a sonreír, se gira y se va. Marina atónita entra en casa cerrando la puerta a su paso, desdobla el papel y comienza a leer:

Lo que le faltaba ya a Marina, a falta de follones uno mas para la lista. Ahora le pica la curiosidad, ¿quien sera?


Si te ha gustado lo que has leído y quieres que siga dímelo, sino te ha gustado o piensas otra cosa también dímelo :D estaré encantada de saber vuestras opiniones.
mi twitter es @ainaram. Besitos

sábado, 12 de enero de 2013

X-5-12


Una tarde de Mayo en la glorieta de Cádiz, Madrid, andaba ,una chica, por la calle acercándose cada vez más a la tercera parada de autobús que tenia que coger todos los días para volver a casa.
Ya se iba acostumbrando a levantarse temprano para ir a San Martín De La Vega a hacer las prácticas de su curso de electricidad, pero lo que no le gustaba mucho era tener que esperar a los tres autobuses que tenía que coger, aunque eso iba a cambiar.
Ya se ha puesto el semáforo en verde, Marta comienza a andar mirando al suelo, levanta los ojos un segundo para mirar a la parada del autobús que tenía que coger pero el autobús no estaba, seguidamente mira hacia la derecha, por donde tiene que llegar, pero tampoco está. No quiere esperar, está agotada y lo único que quiere hacer es llegar a casa comer y tumbarse un rato. Al llegar a la parada mira el marcador donde pone los minutos que falta para que llegue su autobús, ocho minutos, Marta se desespera por dentro y se sienta en el banco. Mientras piensa en sus cosas, se acerca un chico a la parada cargado con bolsas del Mercadona, se sienta a su lado y mira el marcador. Marta al sentir el roce de sus piernas levanta la cabeza y lo mira, el baja la vista y la ve, se sonríen y acto seguido ella vuelve a bajar la vista sin quitar la sonrisa de su rostro. Marta piensa que ojala se suban en el mismo autobús, `parece interesante, le gustaría conocerle. Pasado un minuto se acerca un autobús, Marta levanta la vista, no es el suyo pero hay otro detrás, no ve el número, gira sus ojos que se fijan en el marcador, también lo hacen los del chico. Es el 6 piensa Marta que sigue un poco cansada, pero nota que el chico que tiene a su lado se levanta y se pone a la cola para subir al segundo autobús  Marta lo sigue con los ojos hasta que él se pone enfrente de la puerta de atrás, justo enfrente de ella, suelta las bolsas y la mira, ninguno de los dos quita la mirada esta vez, la sonríe, le sonríe, algún guiño se escapa y arranca el autobús  Marta se ha llenado de energía, esto es lo que le faltaba para seguir de pie. Al rato llega su autobús, y en todo el recorrido no para de pensar en él. Piensa que se ha subido en el autobús 6 y en su cabeza hace el recorrido del autobús  tampoco se ha tenido que bajar en una parada alejana a en la que se han visto ya que se ha puesto en la puerta. Está esperanzada, eufórica, en este momento no hay nadie que la pare, no puede parar de sonreír, quiere que llegue mañana para volver a verle.
Nadie le quita la sonrisa de la cara durante la mañana siguiente, pero al llegar a la parada no estaba, ni loa siguientes días de la semana. Una tarde se quedo pensando, seguro que lo que pasó ese día seria una de esas veces que te encuentras con alguien y ya no lo vuelves a ver, solo te hace feliz en el momento que pasa y como mucho tres o cuatro días más, aunque a ella la duró dos semanas. Pasadas éstas, todo volvió a la normalidad, dos autobuses de ida y tres de vuelta.

CONTINUARA...