Se despiden y cada uno coge su camino, se siente bien, hoy ha notado algo diferente entre ella y Hugo, más complicidad, misterios, secretos sacados a la luz. ¿Lo habrá sentido el también?.
Vuelve a llegar al lugar de encuentro, ¿y si le pone un nombre? seria divertido, mmm bueno ahora no se sabe como ponerle pero ya se le irá ocurriendo. Deja la carta escondida entre unas hojas y después de alejarse un poco se tumba en el cesped, cierra los ojos y al cabo de un rato...
- ¿Marina? - escucha
¿La han llamado? Abre los ojos para cerciorarse de que la llaman a ella. Al abrirlos se encuentra con una chica no muy alta, rubia y con los ojos verdes.
- ¿Sabrina? - dice sorprendida mientras se sienta
- ah, ¿Sabes como me llamo? - pregunta con una sonrisa en la cara
- em si, creía que no te habías fijado en mi - sigue sin creerse que Sabrina se halla fijado en ella
- Vienes a mi clase, además Carlos me habló de ti el otro día
- Sé que pronto vamos a tener que hacer un trabajo por parejas, en este instituto van un poco más atrasados que en el que iba yo, pero hacen lo mismo - hace una pausa - ¿Te apetece ser mi pareja?
- Emm, claro - responde, no sabe si esa pregunta ha ido con segundas
- Tranquila - dice Sabrina con una sonrisa - Sé que todos sabéis que soy lesbiana, pero no se porqué tu no me vas a judgar, por eso sé que vamos a ser grandes amigas. Nunca he tenido una mejor amiga.
Se dirigen a casa de Marina, ya es tarde y seguramente tenga que hacerse la cena. Se lo ha pasado mejor de lo que esperaba. Llegan a casa y cuando Marina está abriendo la puerta, Sabrina la avisa que tiene una carta pillada con el cierre del buzón. Ésta se extraña, ¿tan pronto ha respondido?, entonces se da cuenta de que ya han pasado 4 horas aproximadamente desde que dejó la carta, la coge y antes de entrar se despide de Sabrina con dos besos y un intercambio de números de teléfono. La verdad es que no se esperaba ese encuentro y como siempre su madre no está en casa, pero nada mas pensar en eso, aparece por la puerta.
- ¿Qué tal la tarde? - pregunta Lidia
- Bien mama - se queda callada pero... - ¿va a venir Carlos a vivir con nosotras? - lo soltó
- ¿Quieres que hagamos las dos la cena y lo hablamos?
- Vale pero tengo que ir un momento a mi cuarto.
Marina se da la vuelta y sube a la habitación, al entrar se tira en la cama y empieza a leer la carta:
Marina se queda pensando, tiene razón, se desahogó sin pensar que no tenía ni idea de la historia, antes de irse a dormir le escribirá sobre lo que hable con su madre. Es el momento de poner las cartas sobre la mesa, de aclarar las cosas, de sentarse a hablarlo y escucharse, de contarla todo lo que ha estado guardando durante tanto tiempo y ver lo que ella la cuenta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario